El Tíbet, una entidad política absorbida por un gran Estado como es China y una cultura en la que el budismo tibetano impregna todos los aspectos de su vida y de su historia.
Desde la invasión de China, a comienzos de los años 50, el pueblo tibetano se ha visto reprimido y ahora más que nunca las aspiraciones de autonomía se hacen sentir con fuerza. A partir del pasado 10 de marzo, monjes budistas que han sido apoyados por la población
civil han protagonizado manifestaciones y revueltas, con motivo de conmemorar el aniversario de la fracasada rebelión tibetana contra el mandato chino en 1959 en el Tíbet y en otros lugares como la India y Nepal. Lamentablemente, esta situación provocó la muerte de más de una centena de tibetanos (aunque la versión del gobierno Chino indica que sólo fueron 19).
Todo este revuelo ha servido, en parte, para dar a conocer una situación especial que debe ser observada con atención y en lo posible, encausar las acciones en favor de solucionar los problemas de esta gente, sin derramar más sangre, y hacer reconocer las libertades humanas y de expresión.
Me preocupa que se avance en la tecnología, la infraestructura, que el crecimiento sostenido no esté a la par con el respeto por la cultura tibetana, que está siendo perjudicada sistemáticamente; me preocupan las denuncias de violaciones a los Derechos Humanos que se vienen sucediendo hace muchísimo tiempo y que ahora alzan la voz con mayor fuerza desde todas partes del mundo, en especial de occidente (lo que no puede ser casualidad, pero ese es otro tema); me preocupa que los avences en favor del progreso y el desarrollo en vías y ferrocarriles dejen desalojados de sus hogares a granjeros mediante compensaciones miserables; me preocupa que con todas estas manifestaciones sigan muriendo personas y muchas otras resulten heridas, me preocupa que todos l
os medios de comunicación internacionales hayan sidos expulsados del Tíbet; me preocupa que se manipule la información y no exista certeza de lo que ocurra; me preocupan los niveles de represión por parte del gobierno Chino; me preocupa que estén enviando tropas militares a la zona... y por último, me preocupa y no me gusta que se haya mezclado de esta forma la delicada situación del Tíbet con los Juegos Olímpicos; en las propias palabras del Dalai Lama, que apoya los Juegos Olímpicos, "la lucha de los tibetanos tiene que ver con unos pocos líderes chinos y no con el pueblo chino". No han faltado quienes buscan aprovechar esta situación con otras intenciones de perjudicar la imagen país de China, bajo otros parámetros económicos y políticos, que no tienen que ver necesariamente con la lamentable situación que se está viviendo.
Eso.








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